El Arte y La Neurociencia

Me sorprende como a veces se piensa popularmente que el arte sólo es accesible para dos tipos de personas: críticos/intelectuales o soñadores cuyos pies no tocan la tierra en lo más mínimo ¡Qué errados estamos!

David A. Sousa, autor del libro “how the brain learns”, hace un análisis exhaustivo que conecta arte – mente con aprendizaje; ya para su cuarta edición aborda más a profundidad el hecho de que la mayoría de los problemas del futuro van a ser resueltos por personas creativas, por lo tanto, no estamos hablando de un tema que vaya a pasar de moda en las próximas décadas; los efectos del arte en el cerebro son un área bien explorada en la ciencia por una sencilla razón: necesitamos una generación que haya desarrollado su ingenio gracias también a lo artístico.

A diferencia de una disciplina limitada a ser solamente operativa y/o repetitiva, el arte nos obliga a pensar fuera del contexto, libres de paradigmas, libres para visualizar nuevas perspectivas que a su vez generen soluciones creativas, llámese razonamiento lateral o ingeniería, esto es lo que marcará pautas e hitos tanto en el ambiente de la física/matemática como de las ciencias sociales/humanidades.

Para reflexionar más aún, la neurociencia aplicada comercialmente ha sido un campo de estudio y experimentación por parte del mismísimo mundo capitalista: empresas con fuertes intereses comerciales lo han explotado durante años, por medio del arte y del ingenio, llegando directamente a las emociones y el comportamiento, ¡Muchos vivimos de esto! el comercio se maneja por la intención tanto de compra como de venta.

image54dc01fdabc195.97430396Si nos remontamos a disciplinas especializadas, todo lo que tiene que ver con artes musicales son un estimulante cerebral por excelencia; la liberación de importantes neurotransmisores como la dopamina y serotonina se hacen notar, cabe destacar que estas dos hormonas son el objetivo primordial de peligrosas drogas, al relacionarse con el botón de encendido del “logro-éxito-placer” en el cerebro. La música conecta directamente con emociones, sirve como cóctel de relajación y generación de imágenes en la mente que nos mueve a sentirnos bien con nosotros mismos, ¡y cuánto más hacer y ejecutar la música! una experiencia totalmente distinta que toda persona debería experimentar en su vida, aún sea por conocimiento general.

Las artes gráficas estimulan la memoria al requerirnos generar imágenes mentales sobre un medio estático (ya sea en papel o digital),  lo que a su vez nos obliga a ser disciplinados al estar en una constante recreación de situaciones o eventos durante horas. Se ha recomendado desde siempre el dibujo y la pintura como ejercicios para mejorar la concentración en los niños.

Las artes kinestésicas y las dramáticas, tales como el teatro, el baile y la oratoria, mejoran la postura, la expresión, la dicción, el vocabulario, la autoestima, la tolerancia y el respeto a la existencia de personas que piensan distinto. En pocas palabras, mejoran la vida social de cualquier individuo.

Los niños son artistas naturales, se la viven en una experimentación y descubrimiento constante. Como adultos también podemos lograr lo que ellos hacen, si nos quitamos las penas e incluimos todo este tipo de actividades a nuestra “dieta” mental. Sumado a esto, si queremos que a nuestros niños les apetezcan las artes, como adultos debemos reconocer el valor de ellas más allá del entretenimiento, ese es el ejemplo el que arrastra.

Hora de cultivar.

Piénsalo.