¿ Qué necesitas de niño al crecer ?

Nacimos en un mundo, del cual, sino nos cuidamos, nos obligará a predicar prejuicios para ser aceptados, acabando con aquello de niño que somos en realidad.

Cuando hago un recuento de todas las mejores cosas que tengo y soy en la vida, me doy cuenta que casi todas las he tenido desde mi niñez y desde siempre. Aquellas, mejores cosas, que puedo dar en este presente, las puedo dar por una sola razón: fueron aquellas cosas que no dejé me las arrebataran circunstancias, ni el tiempo perdido, ni malas experiencias que me propiciaron quienes me rodeaban, en especial los adultos. Nacimos en un mundo, del cual, sino nos cuidamos, nos obligará a predicar prejuicios para ser aceptados, acabando con aquello de niño que somos en realidad.

Los Adultos

Por alguna extraña razón, a veces cuando crecemos retrocedemos y es como si el cerebro se nos encogiera, como si perdiera su elasticidad, su capacidad de adaptación y esa resilencia característica que se tiene de niño, pero no hablemos del cerebro, hablemos de la mentalidad. Nacimos en un mundo, del cual, sino nos cuidamos, nos obligará a envenenarnos de prejuicios para ser aceptados, acabando con el niño que somos en realidad, el cual heredaremos poco tiempo después al crecer en forma de consciencia, olvidando así el secreto de la felicidad con el que nacimos, todo esto con menos de 5 años de haber llegado a este mundo. Posteriormente y mientras estamos ocupados, cumpliendo con incontables expectativas sociales ajenas a nuestra misión en la vida, terminamos comprando un paquete completo de prejuicios deluxe que heredamos en la edad adulta, los cuales dan origen a gran parte de nuestra infelicidad como seres humanos, dando al traste con nuestra identidad sin siquiera haber empezado a vivir, para entonces volver a transmitir ese padecimiento a la próxima generación de la cual luego nos quejamos, sin recordar que, como adultos, nosotros moldeamos a las nuevas personas que llegan al planeta, y estas mismas personas son quienes quedan inevitablemente decepcionandas por la falta de eficiencia en los procesos que como sociedad hemos impuesto.

Lo que nos arrebata esa magia, característica del niño que realmente somos, generalmente es la decepción de algo, de alguien o en su defecto, una decepción masiva (de casi todo el mundo, en mi caso) pero nadie se libra de la serie de eventos en la vida donde tu confianza en las personas se ve mermada por aquellos adultos que la acaban con sus malas costumbres.

Los adultos, si no nos cuidamos y olvidamos monitorearnos constantemente, nos llenamos de miedos y prejuicios, temores relacionados a quedarle bien a todo aquello que “podamos” pero que, curiosamente, nunca será suficiente. Este mismo comportamiento se refleja y se hereda en nuestras acciones y resultados afectivos, ya que, es “socialmente injusto” el ser feliz o vivir con cierta paz, sino se cumple con una larga serie de requisitos y expectativas de gente que a veces ni conocemos ni nos respetan, cuyas ofensas implícitas hacia nuestra identidad, persisten en forma de ideas sobre lo correcto o incorrecto, eso que la misma sociedad ha “creado” basada muchas veces en lógicas absurdas hechas por mano de unos cuantos que si tienen libertad pero no la quieren compartir.
Aquellos en los que su parte de niño vive esclavizada a temores y prejuicios, lastimosamente son tiranos que en la mayoría de los casos gobiernan el mundo.

¿ Libertad ?

Lo que de niños teníamos que tanto necesitamos al entrar en la edad adulta, era la libertad de ejercer la innata capacidad infinita para albergar felicidad, tuviéramos o no todo lo que necesitábamos o queríamos, teníamos la naturaleza de amar cada cosa y cada experiencia, detalle que nos mostraban y expresaban nuestros seres queridos, aún la vida misma a través de la naturaleza. Teníamos la capacidad de percibir infinidad de emociones, una capacidad, pero sobre todo, la innata libertad para vivir y permitirnos soñar, ese cero temor a equivocarnos y empezar otra vez, la cual se supone debemos mantener al largo de toda nuestra vida como brújula en nuestro auto conocimiento.

Los niños son libres, libres de prejuicios, temores, resentimientos, libres de expectativas desproporcionadas, libres malos pensamientos hacia el projimo y actitudes defensivas, libres de recordatorios constantes de malas experiencias, por ejemplo, si había enojo en nosotros cuando alguien nos avergonzaba se nos pasaba rápido, nos enojábamos y eramos tan suaves de memoria que al hacer una rabieta ya todo salía, nuestra mente todo lo veía colorido, sencillo, ACCESIBLE…. de niños sentíamos que podíamos tomarlo todo, que de alguna forma no había límites, no habían etiquetas con precios en nuestra mente, pues de alguna forma, lo que necesitábamos era lo que nos rodeaba, teníamos el tiempo de nuestro lado, sin saberlo con certeza, sentíamos que todo iba a salir bien todo el tiempo, teníamos una fe desbordante, sentíamos que nos protegían desde arriba y sumado a todo esto, estábamos en una realidad llena de descubrimiento que generaba una gran cantidad de emociones incontrolables que nos hacían llorar, saltar, gritar, reír, jugar y tener un mundo propio lleno de experiencias, libres para vivir.

La única razón por la cual queríamos ser grandes, era para compartir eso poco o mucho que nos hacía feliz. Lo que nos motivaba a crecer era el compartir eso que amábamos y queríamos transmitirlo a los demás: Felicidad, nuestro gran descubrimiento, lleno de lo que tanta falta le hace al mundo entero.

Síntesis

Siendo niño, si querías hacer algo, LO HACÍAS Y YA, así de simple.

De niño, no había tiempo de procrastrinar, cada día era una aventura de descubrimiento, donde la exploración e introspección eran detonadores diarios que motivaba tu actuar, se transformaba en acciones y éstas en resultados.

Uno siendo niño, no tenía esos absurdos requerimientos de obligatoriamente tener y hacer todo a la perfección, estrictamente calculado y controlado para contarlo como tal.

Los adultos escondemos nuestra cobardía y temores detrás del “un paso a la vez” o el “ya tendrá su momento” o del famoso “todo tiene su tiempo”, de niño, cualquier cosa servía de herramienta;

Un niño si quiere hacer algo, LO HACE CON LO QUE TIENE, si quiere crear, dibujar, hasta en tus paredes lo hace, con crayones o aún piedras, lápices, ¡lo que sea!. El niño no se limita por estúpidas limitantes de querer una oficina 7×7 con iluminación perfecta, una computadora de 10.000 USD, 50.000 USD en licencias de software con equipo de punta y estar libre de preocupaciones, deudas y cualquier otra tonta excusa para ocultar el simple hecho que tiemblas de miedo por temor al no terminar lo que vayas a empezar, cosa que para un niño jamás sería limitante alguna. Si un niño quiere hacer música ? con cualquier tarro la hace. Si quiere ser científico ? Lo hace. Si quiere ser astrónomo ? Lo hace cuando quiera, cuanto quiera y como quiera… no le dice no a lo que realmente necesita porque es más importante lo que dicha experiencia abrirá que el cómo vaya a abrir la puerta.

Por ende

Deja de sacarle la vuelta dejando para mañana lo que sueñas, deseas, NECESITAS hacer hoy, olvídate de razones políticas, económicas, y cualquier tipo de excusa y aprovecha que aún estas en el mundo de los vivos, gracias a la existencia, puedes darle vida todo lo de niño que llevas en tu interior y seguir creando, explorando, conociendo CON LO QUE SI TIENES HOY y viviendo así con tan solo decidir hacerlo, experimenta la vida intensamente con todas las ventajas obvias que te dan el ser ya un adulto, preservando todo aquello de niño que siempre necesitarás para ser feliz.